El próximo año no quiero llenar un tablero de indicadores. Quiero tener mejores respuestas para decidir.
¿Cuánto tarda el trabajo desde que acordamos una necesidad hasta que llega a producción?
¿Qué defectos aparecen? ¿Cuánto trabajo vuelve para corregirse? ¿Cuánto esfuerzo requiere operar y mantener lo que entregamos?
¿Y qué decisiones siguen esperando a una persona porque el proceso no deja claro quién puede resolverlas?
Las horas y las líneas describen actividad. Por sí solas no dicen si mejoró la entrega. Para entenderla hacen falta contexto, calidad, retrabajo, operación y costo, con definiciones estables para poder comparar.
Una métrica sin punto de partida, alcance y definición compartida puede dar una sensación de control sin orientar ninguna decisión.
Prefiero pocas señales conectadas con decisiones reales. Antes de medir, acordemos qué cuenta.
