Prohibir la inteligencia artificial parece una decisión de control.

Muchas veces solo la vuelve invisible.

Si una herramienta le ahorra horas a alguien, una política general rara vez elimina el incentivo para usarla.

Lo que cambia es que deja de contarlo.

Y entonces la empresa pierde exactamente lo que quería proteger:

Visibilidad.

Criterio.

Trazabilidad.

Hay usos que deben prohibirse. Datos que no deben salir. Decisiones que no pueden delegarse. Resultados que siempre necesitan revisión humana.

Pero eso requiere distinguir riesgos, no tratar todos los casos como si fueran iguales.

Una política útil debería responder tres cosas:

Dónde sí.

Dónde no.

Y dónde solo con revisión.

Gobernar no es decir que no a todo.

Es hacer explícitas las decisiones que hasta ahora cada persona está tomando por su cuenta.