Decir que un equipo es diez veces más productivo porque usa inteligencia artificial no me dice mucho.

¿Diez veces más qué?

¿Más líneas de código?

¿Más documentos?

¿Más tareas marcadas como terminadas?

Todo eso puede aumentar sin que el resultado mejore.

He aprendido a desconfiar de cualquier promesa de productividad que no tenga una línea base.

Antes de incorporar una herramienta mediría algo más cercano al trabajo real:

Cuánto tarda una necesidad en convertirse en un resultado aceptado.

Cuántas veces regresa por correcciones.

Cuántos defectos aparecen después.

Y cuánto tiempo humano exige la revisión.

Después mediría exactamente lo mismo.

Si la entrega es más rápida pero el retrabajo creció, no ganamos productividad.

Solo adelantamos el problema.

La velocidad se siente.

La productividad se compara.