Le pregunté a un dueño cuánta inteligencia artificial usaba su equipo.
Me dijo:
Nada todavía.
Su equipo llevaba ocho meses usándola.
Todos los días.
No lo escondían por malicia. Simplemente nadie les había dicho qué estaba permitido.
Y ahí estaba el problema.
Él no sabía en qué la estaban usando.
Qué código había salido de dónde.
Qué información se estaba pegando en un chat.
Qué decisiones estaba tomando una persona y cuáles estaba delegando.
Ni siquiera sabía si realmente iban más rápido o si solo estaban produciendo más desorden.
La discusión sobre si una empresa debería adoptar inteligencia artificial llega un poco tarde.
En muchas empresas, la decisión ya se tomó.
Sin que nadie la tomara.
